Biografía

Tengo 46 años, soy mamá, ingeniera en Administración de Recursos Humanos de profesión, deportista, maratonista amateur desde 2017 y paraatleta con clasificación T37.
Pero, por sobre todo, soy una persona que aprendió, de la forma menos esperada, que la vida puede cambiar en un instante y que, aun así, siempre es posible volver a avanzar.
En 2019 sufrí un ACV isquémico provocado por una disección carotídea. No existían enfermedades previas ni señales evidentes. Simplemente pasó.
Desde ese momento comenzó el desafío más importante de mi vida: volver a habitar mi cuerpo, recuperar autonomía, adaptarme a una nueva realidad y reconstruir la confianza en mis propias capacidades.
El deporte, que ya era parte importante de mi vida, adquirió entonces un significado completamente diferente. Dejó de ser solamente una pasión para convertirse en una poderosa herramienta de rehabilitación, superación y crecimiento.
Correr me enseñó nuevamente a confiar en mi cuerpo. La pista me enseñó paciencia. El entrenamiento, disciplina. Y cada pequeño avance me recordó que progresar no siempre significa hacerlo rápido.
En 2022 volví a correr los 42 kilómetros de la Maratón de Santiago. Cruzar esa meta después de un ACV no fue solamente un logro deportivo: fue la demostración de todo lo que había detrás de cada paso, de cada caída, de cada entrenamiento y de cada vez que decidí volver a intentarlo.
Hoy continúo vinculada al deporte desde nuevos desafíos. Como paraatleta clasificación T37, entreno y compito en atletismo adaptado, descubriendo nuevas capacidades y entendiendo que nuestros límites también pueden transformarse.
En paralelo, durante más de dos décadas he desarrollado mi carrera profesional en el área de Recursos Humanos, especialmente en capacitación, desarrollo de personas y gestión de proyectos. También recientemente fui certificada por Chile Valora como Gestora de Inclusión Laboral, un ámbito que hoy adquiere para mí un significado especialmente profundo.
Mi experiencia personal y profesional me ha enseñado que muchas de las herramientas que utilizamos en las organizaciones también son fundamentales para reconstruir nuestra propia vida: planificación, adaptación, aprendizaje continuo, colaboración y capacidad de volver a comenzar.
En mi proceso ese equipo ha incluido profesionales de la salud, entrenadores, familia, amigos y muchas personas que han acompañado distintos momentos del camino. Pero también ha requerido algo fundamental: aprender a tener paciencia conmigo misma.
Hoy comparto mi historia a través de 42K de Perseverancia porque sé que todos, en algún momento, enfrentamos nuestros propios desafíos: salud, trabajo, pérdidas, cambios, incertidumbre o simplemente la necesidad de comenzar nuevamente.
Mi historia no se trata de correr rápido.
Se trata de seguir avanzando.
No habla de una motivación pasajera, sino de disciplina, adaptación y perseverancia cotidiana.
Porque si algo he aprendido en este camino es que la resiliencia no significa que todo sea fácil ni que siempre podamos con todo. Significa aprender, adaptarnos, aceptar los tiempos de cada proceso y decidir volver a intentarlo.
42K de Perseverancia representa precisamente eso: entender que cada paso cuenta, incluso aquellos que parecen pequeños.
Y que, muchas veces, llegar a la meta comienza simplemente con decidir dar el siguiente paso.
¿Te gustaría que comparta mi historia en tu organización o establecimiento?
A través de charlas testimoniales y contenidos desarrollados de acuerdo con las necesidades de cada organización, comparto aprendizajes sobre perseverancia, resiliencia, hábitos, inclusión, deporte adaptado y la capacidad de enfrentar procesos de cambio desde una mirada humana y cercana.
¿Te gustaría que Macarena cuente esta historia en tu organización?